Permanentemente nos hablan como un país, una sociedad, una unidad de destino, pero lo que observamos a diario son dos países, dos sociedades que viven en realidades, prácticamente en mundos, muy diferentes. A los que les inquietan preocupaciones muy, pero que muy distintas.
Una España es la que reflejan los grandes medios de comunicación, o los principales partidos. Que concentra su atención en los casos de corrupción. A unos les preocupan más los casos que afectan al PSOE. A otros, los que incriminan al PP. Pero en ambos casos, lo que centra todas las preocupaciones son las sacudidas provocadas por los estallidos de corrupción.
Otra España, más numerosa pero menos influyente, tiene otras preocupaciones. Las de un salario que cada vez da para menos, recortado por el alza de los precios de la alimentación, de la gasolina, de la luz… Familias asfixiadas por alquileres desorbitados, o por cuotas hipotecarias que de repente se incrementan. Jóvenes para los que independizarse es poco menos que una quimera…
El primer país, el que concentra su atención en la corrupción, suele relegar a un segundo plano al segundo país, al que está pendiente de unas condiciones de vida recortadas desde diferentes frentes.
Pero este segundo país existe. Lo conocemos porque lo vivimos. Es lo que de verdad determina nuestras vidas. España crece, pero mi salario se recorta. Es la realidad que está detrás del “malestar social”, que explica las movilizaciones de los obreros del metal en Vigo, de los profesores en Valencia y Cataluña, de la sanidad, de la lucha contra los desahucios…
Sin darle una solución desde un gobierno progresista y con una amplia unidad de fuerzas políticas y sociales de la izquierda, mejorando las condiciones de vida de la mayoría, será imposible evitar la tragedia de un gobierno de la derecha y la ultraderecha como los que está imponiendo Trump allá donde puede.
Más riqueza, más desigualdad
Para que unos ganen más, tú tienes que perder
El último informe elaborado por el banco suizo UBS nos dice que la riqueza global aumentó en 2025 un 10,8%, el mayor ritmo de los últimos años. Pero el responsable del informe nos desvela la cara oculta de ese crecimiento: por un lado plantea que “la riqueza global se encuentra en un nivel récord”, por otro que “se pone de manifiesto una creciente brecha entre los más ricos y el resto de la población”.
Más riqueza, más desigualdad. Sucede en todo el mundo desarrollado, y de forma más acusada en España. El “milagro económico español”, encabezando los índices de crecimiento o de creación de empleo en la UE, oculta que el reparto de esa riqueza es más injusto.
Los estudios nos dicen que la riqueza media por individuo se incrementó el año pasado un 16%.
Pero cuando se coge el patrimonio mediano, el más usual, resulta que ha descendido un 3,7%. El informe de UBS resalta que esta es la prueba de que ha aumentado “la desigualdad patrimonial” en España. La media sube porque aumenta más el patrimonio de los más ricos. Pero el patrimonio mediano –del que dispone la mayoría de la población– se ha recortado.
El informe de UBS pone cifras, sangrantes, a ese insoportable abismo social. Apenas 1.000 megamillonarios concentran un tercio de toda la riqueza del país. Mientras que 7,9 millones de personas viven con menos de 10.000 dólares de ahorro.
Un centro de estudios nacional como Fedea acaba de publicar el informe “Evolución de la Riqueza de las Familias en España”. En él se afirma que “en los últimos 20 años, la riqueza de los españoles se ha multiplicado, pero el número de carteras entre las que se reparte se ha reducido”.
El 1% más rico acumula más riqueza. En 2002 poseía el 13,6%; ahora atesora el 21,1%. Si contamos el 10% más acaudalado, el porcentaje se eleva al 53,7%, más de la mitad. Mientras que el 50% más pobre debe conformarse solo con el 7%. Es decir, el 1% posee tres veces más que la mitad de la población.
Son dos mundos. Dos realidades que conviven en una misma sociedad
Desde 2018 en España hay 1,7 millones de pobres más… y 35.000 millonarios más. La subida de los segundos se alimenta del hundimiento de los primeros.
¿Quién gana y quién pierde con la crisis?
Los que suben
El Ibex-35 se dispara. ¿Se imagina que usted ahora cobrara más del doble de lo que ganaba en 2019? Imposible. Pero eso es lo que les sucede a los principales bancos y monopolios. En los últimos seis años han aumentado sus beneficios un 267%. Batiendo récords de ganancias cada año.
La banca siempre gana más. Y quienes más han aumentado sus ganancias han sido los bancos. Prácticamente las han triplicado. Es el registro del saqueo que nos imponen a golpe de intereses o comisiones.
Nos suben la luz, y las eléctricas se forran. Los beneficios disparados de las eléctricas, que se han duplicado, se traducen en las abultadas facturas que debemos pagar familias, pymes o autónomos.
Sube el crudo, ganan mucho más las petroleras. Las petroleras han aprovechado la guerra en Oriente Medio para inflar el precio del petróleo, obteniendo miles de millones de beneficios extraordinarios. En España Repsol va a ganar este año un 153% más.
Los fondos extranjeros conquistan España. Los fondos extranjeros, especialmente los norteamericanos, han más que duplicado su capital en España. Controlan el 60% del valor de las acciones del Ibex-35. Son ya los principales caseros del país, responsables del atraco de la vivienda. Copan cada vez más la sanidad privada…
Los que bajan
Salarios recortados. El salario mínimo ha subido un 61%. Es una excelente noticia. Pero de conjunto los salarios reales se han recortado, a golpe de la subida de precios. Una mayoría de los trabajadores somos hoy más pobres que hace 10 años.
El atraco de la vivienda no cesa. Desde 2018 los alquileres han subido un 94%, cuatro veces más que el salario. La vivienda es ya el principal factor de empobrecimiento para muchas familias, y un gigantesco negocio para grandes fondos norteamericanos.
Peores condiciones para la mayoría. España crece y mucho. Pero eso no se refleja en una mejora de las condiciones de vida de la mayoría. La vivienda, los bajos salarios o la precariedad laboral están recortando el bienestar de amplios sectores de la población.
Lo que de verdad puede hundir al gobierno
Todos los analistas concentran su atención en los escándalos de corrupción que acechan al gobierno. Y pronostican que ese será el agujero que le hará perder votos, y le impedirá reeditar un ejecutivo de coalición de izquierdas.
No es verdad. La corrupción, evidentemente, provoca indignación y rechazo. Pero no es la principal preocupación de los votantes de la mayoría progresista, que claman: “¡Es la economía, estúpido!”. Algunos plantean que la economía juega a favor del gobierno, ya que encabezamos las cifras de crecimiento y de creación de empleo en la UE. Esto es verdad. Pero no es lo que sentimos, lo que vivimos diariamente la mayoría de la población.
En cuanto a distribución de la riqueza estamos hoy peor que en 2018, cuando Pedro Sánchez llegó a la Moncloa. Crecemos más, mucho más. Pero esa riqueza está peor repartida.
Y en las cuestiones nucleares, que determinan la calidad de vida de la mayoría, hemos retrocedido.
Se ha aumentado el salario mínimo, pero la inflación ha recortado nuestros salarios, hasta el punto de que, en términos reales, cobramos menos que hace diez años.
El atraco de la vivienda se ha multiplicado. Los alquileres se han duplicado, creciendo cuatro veces más que los salarios. Pagar un alquiler es estar en riesgo de pobreza. Y, gracias a la subida del euríbor, las familias hipotecadas deben pagar hoy 830 euros más al año a los bancos, a cambio de nada.
Se han deteriorado la sanidad y la educación públicas. No se han revertido los recortes y no se ha aumentado la inversión al ritmo que se incrementaba la población. Somos la cuarta economía de la UE pero el 14º país en inversión sanitaria.
No hay “escudo social” que pueda revertir esto. Hace falta tomar medidas drásticas. A través de una auténtica política de Redistribución de la Riqueza, que recorte los escandalosos beneficios de bancos y monopolios, imponga un tope al alquiler que no supere el 30% del salario medio, limite los precios de los productos básicos, desde alimentación a gasolina o luz, invierta más en sanidad y educación públicas, revirtiendo los recortes, blinde las pensiones en la Constitución para que no puedan ser recortadas ni privatizadas…
Sin hacer esto, sin atender a mejorar de verdad las condiciones de vida de la mayoría, el gobierno sucumbirá en unas elecciones. Y se hará realidad la desgracia de sufrir un gobierno PP-Vox. Hay que impedirlo a toda costa. Y solo puede hacerse llevando a cabo una auténtica política económica para Redistribuir la Riqueza.
G.P. de Recortes Cero. 15 de julio de 2026
